
Y las comisuras del bosque se enredaron en el cuerpo de ella, hasta llegar a sus entrañas, si... sus entrañas. Creando una biodiversidad de vida en ese corazon sellado que tanto la apagaba. Las luciernagas nadaron en su sangre, y la iluminaron, si porque realmente lo hicieron, y la elevaron, muy...muy alto. Hasta el cielo, ese cielo tan lejano. De pronto las luces se apagaron y un silencio se proclamo en ese bosque. Que con un sonar de grillos, anunciaba a su nueva integrante.
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